Relato con: Casa, caballo, diciembre, ojos y vida.
Me esperaban dos largos
meses sin verle y solo pensar en su ausencia me entristecía. Sabía que debía
ser fuerte, después de todo era un respiro para los dos en nuestras ajetreadas
vidas y estaba segura que me vendría bien.
Diciembre había dejado un
manto de nieve con su paso y el suelo seguía igual de blanco que semanas atrás.
Al parecer, las quitanieves habían declarado una huelga y yo, personalmente,
prefería así el paisaje.
La navidad por fin había
terminado y pese a estar sola en casa, el trabajo no me dejaba apenas tiempo
para aburrirme o pararme a pensar en mí misma. Aquel era uno de los pocos
momentos en que disfrutaba de mi hogar. Allí, dentro de la bañera, sentía una
paz profunda que conseguía evadirme de mis problemas. Sin embargo, no podía estar del todo
tranquila. Todavía le echaba de menos. Un solo día había pasado y ya estaba
deseando volverle a ver.
Me sequé y, con esto,
concluí el baño. Bajé a la cocina y taché el día pertinente a la fecha en el
calendario. “Un día menos” me dije para mis adentros. Recordaba su crin blanca
y sus ojos negros. Tenía unas ganas inmensas de volver a montar sobre su lomo
pero, la doctora lo había dicho bien claro, Julio tenía demasiado estrés
acumulado y si quería seguir con esa vida de competiciones y entrenamientos
continuos terminaría por enfermar o incluso morir.
La culpa me consumía día a
día. Me dedicaba en cuerpo y alma a mi trabajo y el poco tiempo que sacaba se
lo dedicaba a mi hermoso amigo. Es cierto que lo quería, era lo mejor que tenía
en el mundo. Hubieron tiempos mejores ciertamente, pero aquel no tenía por qué
ser el final. Estaba dispuesta a sacrificarme por él y, a la vez, también por
mí. Necesitaba tiempo y, por desgracia, no lo podía comprar en la tienda de la
esquina.
Mi caballo, mi precioso caballo.
A partir de ahora lo mimaría más, estaba claro. Estaba destrozada, naturalmente
y no podía pararme a pensar en lo mal que lo debería haber pasado… ¡Basta! La
vida me estaba dando una segunda oportunidad. Pronto Julio estaría en casa de
nuevo y los dos podríamos salir a trotar por el monte. Sí, estaba dispuesta a
cambiar, sin duda.